En septiembre de 1973 empezó a vivir en Valladolid, donde permaneció hasta su muerte, casi 25 años después. Las que convivieron con ella recordaban que
“en Valladolid se sintió a gusto y congenió con sus gentes, aunque el modo de ser castellano puede resultar duro por ser muy llano y directo. Pienso que no le resultaría fácil pues su forma de ser era distinta, pero supo ver más allá de la apariencia y llegó al corazón de la gente castellana. Tuvo muchas amigas que le demostraron su cariño y le proporcionaron grandes alegrías; muchas de ellas, jóvenes y mayores, pidieron la admisión en la Obra y son vocaciones fieles”. |
Seguía muy pendiente de su hermano, que vivía en Argentina y al que no había visto desde hacía muchos años, y de su sobrino. Sufrió ante su fallecimiento inesperado, aceptando la voluntad de Dios.
“La muerte de mi hermano -recordaba en una de sus cartas- fue repentina. Pero como tú dices- recogiendo las enseñanzas de nuestro Padre- el Señor escoge el momento y el modo mejor para cada uno. Ante esa realidad nuestro papel es aceptarla plenamente con total abandono y serenidad. Eso da un paz inmensa, aunque nos quita el dolor". |
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