UN BACHILLERATO TRUNCADO POR LA GUERRA Encarnita estudió junto con su hermana en el Colegio de las Terciarias franciscanas y como tantas jóvenes de su época, sufrió las consecuencias de la guerra civil española que sorprendió a la familia en Teruel, uno de los escenarios más duros y sangrientos de la contienda. Encarnita tuvo que interrumpir sus estudios de bachillerato y se convirtió, con sólo 16 años, en enfermera. Ese contacto directo con el dolor y el sufrimiento, en plena juventud, marcó su carácter y la ayudó a madurar tempranamente. Trabajó durante muchos meses en los hospitales militares de Teruel, en el Casino y en Nuestra Señora de la Asunción. Cuando el Ejército Repúblicano controló la ciudad, fue detenida, junto con su padre, su hermana y una tía suya. Los trasladaron a diversas cárceles. Poco después pusieron a su hermana en libertad, lo que facilitó el abastecimiento de alguna comida en la cárcel de mujeres de Valencia donde llevaron a Encarnita junto con su tía. Su padre pasó por una prisión y un campo de trabajo penitenciario. Encarnita escribía desde la cárcel de Valencia a su padre, encarcelado también, unas cartas llenas de serenidad, en las que supo obviar reciamente las fuertes penalidades que estaba sufriendo. Consideraba que debía aliviar las penas de su padre por encima de sus padecimientos personales. Escribe, silenciando las terribles condiciones y penalidades de la cárcel:
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